Los chinos, chinas y derivados en mi vida, entiéndase personas de ojos razgados, piel amarilla y acento indescriptible, han sido sinónimo de caos, suciedad y desagrado.
Hace muchos años, viví en un edificio que tenía un restaurant chino en planta baja, la consecuencia (pese a mil fumigaciones y productos) es haber tenido que convivir con chiripas y cucarachas por alrededor de 5 años. Una vez, se me ocurrió comprar arroz frito y una de estas visitantes apareció como parte de la degustación.
En la ciudad donde vivo, se dice que donde montan un restaurant chino, desaparecen los gatos. Alrededor de mi casa desaparecieron los gatos. Muy cerca de mi casa montaron dos restaurantes chinos. En el menú de estos restaurantes chinos, ofertan “costillitas de res”.
Dos pisos más arriba, un ex- vecino indeseable alquiló su apartamento a un chino. La consecuencia es que miles de ellos viven ahí. Una vez el apartamento se inundó y tuvimos que llamar a los bomberos que tumbaron la puerta para detener la fuga de agua. Pude apreciar desde afuera, alrededor de 5 literas con sábanas de cartón y dos chinos que dormían plácidamente, sin percatarse de la situación. El apartamento olía a rata muerta.
A dos cuadras de mi casa, había una tienda de animales. Ahora es una quincalla china. Me he visto obligado a comprar ahí. La atiende una pareja de chinos, que parecen haber “tropicalizado” su carácter. Siempre tienen una sonrisa semi-burlona y hablan en mandarín. Pienso que es una falta de respeto. Deberían prohibir el mandarín en todo el territorio venezolano, ellos se verían obligados a aprender nuestro idioma y todos podríamos saber lo que dicen.
Venezuela no es el único país que evidencia la invasión china. Hace poco estuve en Londres y me pareció ver más chinos que gente caucásica. Todos huelen igual y actúan igual, por lo que me permito concluir, estamos hablando de un grave problema de aseo a escala internacional.
No pretendo crear una cruzada anti-chinos, pero pienso que algo deberíamos hacer con ellos. Los consejos comunales deberían promover una jornada de limpieza y fumigación en cada restaurant y comuna china. Deberían prohibirles el mandarín. Deberíamos crear un comité de defensa en favor de los gatos. Debería haber alguna manera de comprobar a quien pertenecen esas costillas.
O mejor aún, podría crearse un Ministerio para todas estas labores y después de todo, como una manera de reivindicarse, Alicia Machado podría ayudarnos en esto.


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